Espiritualidad y religiosidad

La Espiritualidad desde el punto de vista de la Psicología Positiva

Espiritualidad y religiosidad

Espiritualidad y religiosidad, una persona espiritual posee creencias fuertes y coherentes sobre la razón y significado trascendente del universo.

Sabe cuál es su lugar en el orden universal. Sus creencias definen sus actividades y son una fuente de consuelo para ella. Posee una filosofía concreta de la vida que sitúa su ser como parte del universo en general.

Suelen ser personas con un sentido del propósito, un significado en virtud de un vínculo con algo más elevado.

¿Es lo mismo espiritualidad y religiosidad?

Se usan indistintamente, pero no son lo mismo espiritualidad y religiosidad. Una persona espiritual no tiene por qué ser religiosa en el sentido de seguir las creencias y ritos de una religión en concreto. Y viceversa, muchas personas religiosas no tienen una relación íntima con el Dios en el que creen ni se sienten libres de pensar en el más allá, el todo, o la trascendencia.

Muchas personas abandonan la religión que aprendieron de pequeños y con eso abandonan también todo tipo de vivencia espiritual, olvidando que Espiritualidad y religiosidad pueden vivirse completamente por separado.

¿Te falta un sentido del propósito en tu vida? ¿No encuentras tu vocación? Tal vez entonces te falta revisar tus creencias espirituales. Ver en qué o quién crees y cómo te relacionas con ello.

La espiritualidad suele confundirse con la trascendencia, ya que a la trascendencia solemos llamarla espiritualidad. Pero la espiritualidad sería una forma concreta de vivir la trascendencia, entendida esta última como una fortaleza emocional que nos lleva más allá, que nos conecta con algo más elevado, amplio y permanente.

La trascendencia podemos vivirla disfrutando de la belleza de un bosque, agradeciendo a la vida los dones recibidos, sintiendo esperanza acerca del futuro, o incluso practicando el perdón o viviendo la vida con sentido del humor. Todo eso nos conecta a los demás y al mundo en que vivimos.

La espiritualidad, concretamente, se refiere a la relación con lo divino y las creencias que se tienen al respecto.

Varios estudios muestran que las personas espirituales en este sentido más “religioso”, sobrellevan mejor los momentos de estrés y encuentran mayor consuelo ante la adversidad. Se hace hincapié en que “espíritu” proviene de la palabra latina “spiritus”, que significa aliento. ¿Será que tiene que ver con la respiración?

En esencia, las prácticas meditativas y de oración, establecen todas, un ritmo respiratorio que calma el ritmo cardíaco, ayudando a bajar los indicadores hormonales del estrés y contribuyendo a la calma y la relajación del cuerpo y la mente.

Así, al detener nuestros ritmos acelerados para conectar con la divinidad o el universo, nos relajamos y hasta podemos entrar en coherencia cardíaca, un estado de salud cardiovascular que se usa como indicador preventivo de ataques al corazón.

Cuando nuestro corazón late a un ritmo saludable, nuestra mente está en calma y nuestro cuerpo está relajado, solemos también entrar en un estado de ondas cerebrales alfa. Si nos hicieran un electroencefalograma, saldrían ondas de tipo alfa. Este estado meditativo se viene usando desde hace tiempo por disciplinas como el Método Silva de Vida (antiguamente conocido como Control Mental Silva), y también es el típico estado de autohipnosis.

En este estado, nuestro cerebro tiende a dar por certera cualquier cosa que se le diga, y, en consecuencia, tenderá a seguir esa creencia a pies juntillas. Sea “compra este producto que ha salido en un anuncio mientras estabas traspuesto delante del televisor”, sea “deja de fumar”, sea “practica deporte”, sea “puedes ser, hacer o tener cualquier cosa que te propongas”.

Puedes usar la meditación, la relajación o la respiración consciente para entrar en coherencia cardíaca y en estado cerebral de ondas alfa, y aprovechar ese momento para programarte a ti misma con hábitos saludables y con hábitos que te acerquen a tus objetivos. También puedes aprovecharlo para preguntarte qué crees acerca el universo y la inteligencia divina o incluso para indagar cuál es el propósito de tu vida, si eso es lo que crees que necesitas saber.